sábado, 25 de octubre de 2014

Un pueblo llamado ALMUÑÉCAR

Una pareja cogida del brazo caminando por el arcén de una carretera bajo un sol demasiado cálido para la estación del año en que estamos. Él lleva un traje marrón claro de levita larga y pañuelo rojo anudado al cuello, como los que se ven en las películas ambientadas en la Inglaterra victoriana. Ella, una falda larga de color negro con mucho vuelo y un corpiño ajustado a juego. A pesar de lo extraño de su indumentaria, los coches pasan por el lado de ambos como si nada. Y no es de extrañar, queridos lectores. Al fin y al cabo, la gente normal no puede verlos. Pero como ni tú ni yo somos normales, vamos a seguirlos un rato, a ver lo que hacen.
–Querido, ¿cuándo vamos a pararnos? – dice de pronto ella con tono lastimoso–. Me duelen mucho los pies. Me temo que por más años que pasen, no voy a acostumbrarme a tenerlos. ¡Cómo echo de menos nadar en el mar!
>> Y el calor que hace, ¡pero si estamos en octubre! ¿Cuándo llega el otoño a este país?
–¡Oh, mi amada Sirenia! Siento mucho que tengas que fatigarte por mi culpa, pasar calor o frío; pero mi sexto sentido me dice que el joven Elías está cerca, ¡tenemos que llegar hasta él!
–¿Es el mismo sexto sentido que te dijo que te harías rico hace más de un siglo con tus expediciones? –ironiza ella.
–El mismo que me llevó hasta ti, querida. Ay, Sirenia, qué maravilloso sentido del humor el tuyo. Pero, por favor, no me distraigas ahora. Creo que hemos llegado al lugar indicado.
La pareja abandona la carretera general para adentrarse en lo que a todas luces es un municipio. Desde lo alto de la colina donde empiezan las urbanizaciones de este pueblo se divisan campos y campos de fuertes árboles tropicales encajados en un fértil valle; un barrio sobre otro monte compuesto de primorosas casas blancas bajo la sombra de un antiguo castillo al fondo y más allá, a la derecha, un peñasco macizo coronado por una cruz. Y si con todo eso tuvieran poco, también tenemos…
–¡El mar, Perci! ¡Es el mar! Míralo ahí, a lo lejos –exclama entusiasmada la parte femenina de nuestra pareja.



–¡Oh, qué lugar tan paradisiaco, hermosa mía!
–Díme que es aquí, Perci. ¡Dime que Elías y su familia ahora viven aquí!
–Averigüémoslo, querida –dice él ofreciéndole su brazo gentilmente.
Nuestro dúo sigue caminando cuesta abajo hasta que se topa con un mosaico colocado en vertical. En él pueden ver una sirena con un ancla y el nombre del pueblo en el que están: Almuñécar.


–Tu hermana sirena nos ha dado la respuesta, querida. Almuñécar: este es el pueblo de la familia de Elías.
–¿Estás seguro?
–Sí, sí, querida.
–Y ahora, ¿cómo vamos a encontrarle?
–No lo sé. Pero no te preocupes, que ya se nos ocurrirá algo. Elías está en peligro y tenemos que ayudarle.
Perci y Sirenia continúan caminando cuesta abajo mientras el cielo se va llenando de nubes negras. Pronto las nubes tapan por completo el sol, y una brisa de mal agüero comienza a soplar. Las gaviotas graznan histéricas en el cielo.
Nuestros amigos no lo saben, pero el peligro está más cerca de lo que creen. ¿Conseguirán llegar a tiempo hasta Elías?

****

Y así es cómo comienzan las nuevas aventuras de Elías y sus amigos en Almuñécar, un precioso pueblo de la costa granadina con mucha magia.
Los que habéis leído Elías y los ladrones de magia sabéis perfectamente quiénes son Elías, Perci y Sirenia. Y los demás, ¿queréis conocerlos un poco más? Pues no os perdáis el booktrailer de su primera aventura:
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